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La Ermita de San Juan de Gaztelugatxe

En el tramo costero que hay entre Baquio y Bermeo se encuentra una ermita dedicada a la degollación de San Juan: la ermita de San Juan de Gaztelugatxe, uno de los lugares más impactantes y sobrecogedores de la costa de Vizcaya, País Vasco.

Se erige a cien metros sobre un islote abrupto que se adentra en un mar que lo azota constantemente y se mantiene unido a tierra por un puente de dos arcos que se construyó para que pudieran subir los peregrinos a rezar a la imagen de San Juan, de fuerte y profundo arraigo en la devoción popular, sobre todo entre los arrantzales o balleneros vascos.

En el interior de la ermita hay cuadros con embarcaciones a punto de naufragar y maquetas de barcos colgados a modo de ofrendas. De hecho, los barcos de pesca de Bermeo cuando salen a faenar dan varios giros a babor y estribor para que San Juan les de suerte.La Ermita de San Juan de Gaztelugatxe

Cada 24 de junio se celebra una Romería en honor a San Juan y miles de personas llegan andando en peregrinación desde localidades vecinas cumpliendo promesas que ha pedido o para asistir a las misas que se celebran en ella. Las mujeres con problemas de fertilidad piden ayuda al Santo y a los huecos de las escaleras, que se consideran las huellas de sus pies, también se les atribuyen poderes curativos.

Historia

Se cree que es del siglo X (aunque se han encontrado restos del siglo IX); de hecho en la carta de donación que hicieron Iñigo López y su mujer a los monjes de San Juan de la Peña, fechada en 1053 aparece aunque con otro nombre: Sancti Johannis de Castiello. Algunos afirman que pudo ser en sus orígenes un monasterio templario, pero no puede ser ya que esta orden es posterior.

Ha sufrido muchos avatares, como el saqueo e incendio por el pirata Francis Drake, el saqueo y asesinato del ermitaño que la cuidaba por herejes de La Rochelle, la batalla del Cabo Machichaco durante la Guerra Civil Española y numerosos incendios, el último en 1978.

La preciosa ermita

Es muy pequeñita, rectangular con muros de mampostería reforzados con contrafuertes, cubierta a dos aguas y un pórtico. Como curiosidad deciros que arriba hay un techado con unas mesitas y sillas para descansar a la sombra y comer alguna cosa que llevéis con vosotros; también hay un baño que tiene como desagüe un agujero al vacío y que intimida solo con verlo de lejos, ya no digo usarlo.

Muchas son las leyendas y tradiciones sobre este lugar mágico: la más importante es sobre San Juan, ya que se dice que cuando llegó a Bermeo, dio cuatro grandes pasos y alcanzó la ermita, dejando las huellas en el camino, una de ellas en el arco de San Juan, en el último escalón de acceso a la ermita, así que fíjaos bien porque puede verse. Mirad también las señales del viacrucis a lo largo del camino de subida, son muy curiosos.

Otras leyendas están relacionadas con la importancia de subir los 241 escalones con fervor y de un modo determinado para conseguir un favor que se ha pedido previamente al santo; una tradición afirma que se tiene que empezar a subir con un pie y terminar con otro para conseguir el favor; otra, que al llegar arriba hay que tocar la campana tres veces con fuerza.

Acceso

Hay un aparcamiento abajo, pero hace unos meses estaban habilitando la carretera que llevaba hasta el pie del islote ya que se había desmoronado parte de la misma por lo que había que bajar a pie desde un restaurante que hay arriba; infórmate primero por si tienes que bajar andando.

Si es así te diré que el camino es verdaderamente largo desde arriba, así que recomiendo encarecidamente que lleves zapato cómodo, agua y vayas con tiempo de sobra ya que deberás tener en cuenta el camino de regreso, una subida empinada hasta el punto de origen por un camino abrupto en el que no habrá apenas luz si se te hace de noche.

Merece la pena hacer el camino, sin ninguna duda, las vistas desde lo alto del promontorio son magníficas, especialmente Bermeo, una villa pesquera que hay que visitar ineludiblemente porque su puerto es una preciosidad, hay varios monumentos declarados de interés histórico-artístico y en cualquiera de sus restaurantes se come de vicio.

Islote

Impacta verla desde uno de los miradores que hay sobre ella no sólo por la belleza de la ermita, sino por el islote en sí, que está atravesado por túneles y arcos, con playas de piedra negra y escarpada en las que nadan los buceadores. El conjunto que el islote forma con la isla de Aquech que está al lado y que forman un biotopo protegido que se extiende desde la localidad de Baquio hasta el cabo Machichaco y el paisaje es precioso.

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