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Salamanca tierra mía, de arte y sabiduría (I)

No hay palabras para describir lo que ha significado para muchos esta ciudad. Algunos, hemos recorrido sus majestuosas calles con una carpeta entre nuestros brazos y hemos soportado el helador viento de invierno. Pero a pesar de todo, la recordaremos con cariño y aprecio, porque ha sido en ella donde hemos aprendido muchas de las cosas que más adelante nos han servido a lo largo de nuestra vida.

Unos de los lugares que no podemos dejar de ir es la catedral, repartida en dos, la nueva y la vieja, se han convertido en uno de los emblemas de la ciudad. Para aquellos que les guste la música coral, y tengan la oportunidad de escuchar algún concierto, enseguida se darán cuenta de que su acústica es perfecta.

Tampoco se puede dejar de ver la fachada de la Universidad y el patio de escuelas. En la primera es donde está la pequeña rana de la suerte. La leyenda cuenta que aquel estudiante que la encontrase acabaría la carrera con buenas notas. De piedra de Villamayor famosa en la zona, es uno de los puntos más importantes de la ciudad.

300 conchas, un tesoro

La casa de las Conchas se levanta ante la famosa Iglesia de la Clerecía en la calle Compañía. En estos momentos dentro de este monumento está una de las bibliotecas municipales de la ciudad en el que se organizan tertulias literarias, exposiciones…Cuenta la historia que debajo de las 300 conchas se guarda el gran tesoro de la familia Maldonado.

Su emblemática Plaza Mayor

Se dice que es una de las plazas más famosas y más bonitas del mundo, y en realidad, no puedo decir no sea verdad. Es una gran plaza, punto de encuentro de jóvenes y mayores, lugar para disfrutar del sol de primavera en una terraza, lugar donde suenan las tunas en las noches de verano… esa es la Plaza Mayor de Salamanca.

Ciudad monumental en sí misma

Se pueden dar miles de opciones para visitar, porque en una ciudad monumental en sí misma. Toda calle tiene su aquel y grandes edificios con miles de historias en su interior nos dan la bienvenida a nuestro paso.

Como el puente romano que se conserva en perfecto estado después de cientos de años, el huerto de Calisto y Melibea donde los enamorados se prometen amor eterno o la plaza de Anaya frente a la catedral, donde en los días soleados se unen muchos jóvenes para compartir una buena charla.

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