Para un viaje de cinco días no hace falta cargar con media casa: con una maleta o mochila bien pensada suele ser suficiente. La clave está en llevar lo imprescindible según destino, clima y tipo de actividad, y evitar el «por si acaso» que acaba llenando de peso inútil.
Ropa: capas y versatilidad
Lleva prendas que se combinen entre sí y que puedas usar en capas si hace frío o quitarte si sube el termómetro. Dos o tres camisetas o tops, una o dos piezas de abrigo (jersey, chaqueta ligera o cortavientos), pantalón largo y otro corto o leggings, ropa interior y calcetines para los días que dure el viaje (o planificar lavado si es posible). Calzado cómodo para caminar y, si vas a la playa o a rutas con agua, algo que se pueda mojar o secar rápido.
Documentación, dinero y salud
No olvides el DNI o pasaporte (y visado si el destino lo exige), tarjetas, algo de efectivo en la moneda local o que acepten, y una copia digital de los documentos en el móvil o en la nube. Lleva la medicación que tomes habitualmente y un pequeño botiquín (tiritas, analgésico, algo para digestiones o alergias si los sufres). Comprueba si tu seguro de viaje o tarjeta cubre asistencia en el extranjero.
Higiene y electrónica
Neceser con lo básico; si viajas en avión, recuerda las normas de líquidos en cabina. Cargador del móvil y, si usas cámara o tablet, sus cables. Un adaptador de enchufe si el país usa otro tipo. Con esto cubres la mayoría de escapadas de cinco días sin cargar de más.
Conclusión
Menos es más: una maleta ligera y bien organizada te deja más margen para disfrutar del viaje y moverte con comodidad.