Viajar es ensanchar el alma

Querido amigo:

Lo tuyo tiene cura. Dices que estás triste porque nada te satisface. Dices que estás frustrado porque el dinero te agobia, porque a los cuarenta aún vives en casa de tus padres y la perspectiva es quedarte en ella hasta que (esperemos que dentro de muchos años) la heredes o, menos probable, encuentres un trabajo que te permita comer algo más que patatas –con pan los domingos-.

Estás harto, y puedo llegar a comprenderlo, del ambiente que te rodea, de que en la tele unos políticos cínicos y falsos como un billete de siete euros digan que todo va a ir muy bien y que dentro de unas semanas a todos nos va a tocar la lotería, nos vamos a querer muchísimo y a darnos besitos. En la boca, claro.

Sin trabajo, sin dinero, sin vida…

Una historia real (desgraciadamente)

¡Basta ya! Te he dicho que lo tuyo tiene cura y te lo voy a demostrar con un ejemplo tan real que lo he vivido en segunda persona (a la primera vamos a cambiarle el nombre y lo llamaremos Antonio, ya que no creo que este compañero mío quiera que revele su nombre real).

Antonio es, como yo, un contador de historias, viajes y vidas, un peón de la segunda profesión más antigua del mundo y la más bonita con diferencia. Que es periodista, quiero decir. Y como periodista que es, tiene un trabajo mal pagado y peor reconocido.

Vivir para ver. Y, para ver, viajar

El caso es que él estaba más o menos en tu situación: sin trabajo, sin dinero y casi sin amor. Al borde de una depresión, vamos. Cuando, en estas, estalló la guerra de Kosovo. Decidió que algo tenía que hacer con su vida, de modo que se subió al avión que más cerca pudiera dejarlo del conflicto y luego se buscó la vida para adentrarse en los puntos más peligrosos, donde poder sacar las mejores fotos y enviar las más crudas crónicas.

Allí descubrió lo poco que vale una vida humana, lo peor del hombre. Y lo mejor de este primate a veces de puro bueno es tan tonto que aparca su instinto de supervivencia para echarle una mano a un niño o a un anciano.

Volver a un mundo que se ve con un prisma diferente

Antonio volvió. De milagro. Pero volvió. Y lo hizo transformado, optimista como pocos al darse cuenta de que lo que aquí damos por supuesto, es una quimera en muchos otros lugares. Por ejemplo, damos por supuesto que nadie nos apunta a través de una mira telescópica por el mero hecho de haber nacido en uno u otro sitio.

Entiéndeme: no te digo que viajes a un país en guerra y te pongas en peligro. Eres mi amigo. Sólo que viajes, que conozcas otros lugares, países en los que muchos venderían su riñón izquierdo por tener la mitad de lo que tú tiras.

Viaja. Conoce. Y ensancha el alma.

Las desventuras de un dominguero (II)

Si es que no aprendo: ¿Cuándo me daré cuenta de que el fin de semana no se hizo para mí? Esta vez he decidido que me apetecía  un poco de aventura, de modo que he ido de geocaching. Pudiendo echar un partido con los amigos o dedicarme intensamente al sillón-ball, voy y me dedico a ponerme perdido en busca de un tesoro que “no es tesoro ni es na’”.

El geocachin, para quien no lo sepa, consiste en mirar en Internet en qué coordenadas ha dejado alguien una caja con algo dentro. Se supone quede cierto valor. Luego, tirando de GPS, te dedicas a patear bosque, montaña o el desierto del Gobi hasta que das con el “cache” o cofre del tesoro; cambias lo que haya dentro por otro objeto de más valor y el lunes cuelgas en Internet tu maravilloso logro, diciendo lo bonito que es todo, lo majo del que dejó lo que dejara en la caja lo que tú has encontrado y lo rosado de los tonos del mundo que te rodea.

Dominguero

Pues mira: aquí está mi experiencia con este maravilloso deporte de aventura: resulta que el sábado me levanté a las cinco de la mañana –la hora de acostarme hasta no hace mucho- y me reuní con los dos buscasetas que tengo por amigos para salir en coche hacia el sitio donde se supone que estaba el cache.

¿¡A qué distancia dices que está!?

Algo iba mal: dejamos el coche aparcado a diez kilómetro de donde se suponía que estaba la caja. Cuando se lo hice notar, los tíos van y se ríen de mí: que si esto es un deporte, que si espabílate que estás oxidado, que si no estuviera jarreando y apenas hubiera amanecido ibas a ver tú.

Total, que me cargo la mochila con sus quince kilo de peso (exagero, pero no demasiado) y, bajo una lluvia que dejaría el Diluvio Universal por un chiri miri, me pongo a seguir a esas dos cabras montesas que sospecho que me invitaron a la jornada deportiva para tener a alguien de quien reírse.

Un alto en el camino, para ¿disfrutar del paisaje?

A media mañana y, según el GPS a cinco kilómetros del objetivo, nos paramos en un claro del bosque, a comer  un bocadillo. Un servidor boqueando, empapado y con barro en los rincones más insospechados de mi anatomía, creía que los kilómetros que faltaban eran los que nos habíamos pasado del escondite.

Afortunadamente, cuando ya estábamos llegando, dejó de llover. Lástima que la hierba no lo supiera y se empeñara en resbalar como si fuera hielo. Pueden dar buena cuenta de ello partes de nombre poco noble entre mi espalada y mis piernas.

¡¡Meta!! ¿Volver? ¿¡Cómo que volver!?

Llegamos. Localizamos la cajita y entonces me negué rotundamente, cuando hubimos comido, a remprender el camino de vuelta si no era en unas angarillas. Que me dejaran allí y fuera presa para los lobos. Decidle a mi mujer que muero pensando en ella y a mi banquero que la hipoteca la va a pagar su señor padre.

Mis amigos (con qué alegría uso esa palabra) se apiadaron de mí y, mientras uno se quedaba con lo que quedaba mí, el otro se acercó al coche y lo trajo a cien metros de donde yacía, exhausto y a punto de pedir que me cubrieran los párpados con los óbolos para Caronte.

Con el mismo cuidado con el que se trataría a un saco de patatas –delicadas, vale, pero patatas- me sacaron la mochila de encima, ya que yo no había sido capaz de incorporarme para hacerlo y me metieron en el asiento trasero.

Lo mío no es normal

Lo siguiente que recuerdo es haberme despertado en mi cama, con dolores atroces. Era hoy, lunes, 40 horas más tarde.  He ido a trabajar con dolores en músculos de cuya existencia no tenía conocimiento y, cada vez que tenía que dar un paso estaba a punto de pedir una ambulancia.

Pero lo peor de todo, lo más grave es que, mientras escribo esto, con rasguños y cortes que parecen fruto de una pelea con un tigre cabreado, estoy planteándome repetir el paseo el próximo fin de semana… ¿Será normal, lo mío?

¿Que qué había en la caja? Para mirarla estaba yo…

Galicia

Hoy, al mirar por la ventana he visto el cielo gris, he oído el stacatto de la lluvia sobre el tejado de chapa y, qué quieres que te diga, me he puesto nostálgico. Cumplo a rajatabla dos de los tópicos que se nos atribuyen a quienes provenimos de la verde y bella Galicia:

Respondo a las preguntas con más preguntas ¿Cómo que por qué? ¿Y por qué no iba a hacerlo?; y no me molesta en absoluto la lluvia. Bueno… hay un tercer tópico que también comparto. Pero eso era un secreto que voy a compartir contigo. Porque sí, porque me caes bien.

Galicia

El sonido quejumbroso a veces y casi siempre alegre –o la inversa, según quien la escuche- de la gaita me emociona hasta a lágrima. No se trata de morriña (palabra de la que los gallegos somos orgullosos inventores) ni de que tales o cuales notas me hagan sentir de una u otra forma: es algo más complicado y primitivo a la vez.

Los muros de Jericó

Es el timbre, el sonido de la gaita el que hace que vibre algo dentro de mí y, como los muros de Jericó al sonido de las trompetas israelitas, algo se caiga en la pared social de que los hombres no lloran y un tipo con barba espesa de dos semanas acabe llorando como un bebé de la edad de las puntas de su vello facial.

Con todos mis respetos para leoneses, asturianos, aragoneses, cántabros, zamoranos, escoceses, ingleses, irlandeses y demás pueblos que cuentan con uno u otro tipo de gaita entre sus instrumentos tradicionales, hoy me voy a mi Galicia natal, de la que me fui, pensando como escribió Rosalía de Castro, “Adiós, ríos; adiós, fontes; / adiós, regatos pequenos; / adiós, vista dos meus ollos: / non sei cando nos veremos. / Miña terra, terra miña, / terra donde me eu criei (…)”

Galicia, en todos los sentidos

Una Galicia a la que, una vez instalado en tierra amiga y acogedora como pocas pero completamente distinta, como es la manchega, regreso de vez en cuando para visitar a quienes allí quedaron y para volver a llenar mis pulmones de aire de fraga (bosque) y saciar mis ojos de mar.

Una Galicia que acoge al hijo pródigo como la madre que, por acostumbrada que esté a que sus pequeños se vayan de casa, siempre los recibe con un beso en la mejilla y un abrazo cálido, acogedor. “Hola, fillo, ¡qué fraco! Ven, toma un caldiño que trae-la alma fría” y, con un caldo de verduras, legumbres, carne, tocino y amor, nos llena de calor el estómago y el alma.

Un regreso a Galicia, la que sabe a tierra, a bosque, a mar; Galicia que suena a madre, padre, a los tuyos, tus hermanos; Galicia, que huele a día gris en una visión del paraíso apenas rozado con la punta de los dedos. En todos los sentidos, Galicia.

Jaén

Si algo nos gusta hacer en este blog es romper tópicos. Y uno de ellos, injusto, es el que existe de Despeñaperros hacia el Sur. Andalucía es más, mucho más que flamenco, toros, siesta y fiesta. De hecho, vamos  jugar a no usar estas cuatro palabras en todo el artículo.

El turista que va al Sur, que se acerca por tierras andaluzas lo hace con prejuicios. No podemos negar la imagen que en el resto de España y del mundo si tiene de estas tierras. Es más: en buena parte del planeta se asocia a España con los la imagen tópica de Sevilla. Con eso, o con la paella.

Pues la riqueza de esta Comunidad, por mucho que les pese a algunos, va más allá de todo ello. Nada más abandonar los inmensos viñedos manchegos, cruzando el desfiladero que separa ambas comunidades, llegamos a la infinitud de los olivares jienenses. Literalmente, os acompañan durante kilómetros sin que se vean más de diez metros cuadrados de suelo sin un árbol.

Decía don Miguel…

Se nos vienen a la mente los versos de Miguel Hernández: “Andaluces de Jaén, / aceituneros altivos, / decidme en el alma: ¿quién, / quién levantó los olivos? / No los levantó la nada, / ni el dinero, ni el señor, / sino la tierra callada, / el trabajo y el sudor.”

Además de los paisajes, verdes hasta donde alcanza la vista, de personas nobles, acostumbradas y quizá contagiadas de la dureza del olivo y su labranza. Además de olivares a través de los que una ardilla podría atravesar, ya que no la provincia, buena parte de ella. Además de campo, Jaén tiene cultura. Arte. Historia.

Una Historia inabarcable

Pero hoy, nos quedaremos sólo en la capital. Existe constancia de la presencia humana desde tiempos del Neolítico, de modo que la riqueza histórica y artística de  la ciudad está fuera de toda duda. Por ella pasaron y se asentaron romanos, visigodos, árabes, judíos, cristianos… El jienense vive de su tierra, pero desciende de mil pueblos.

Prueba de esa multitud de orígenes es el arte que puede verse en toda la capital y sus alrededores. De entre todos ellos, destacaremos la catedral de La Asunción, templo renacentista del siglo XVI; los baños árabes o “Baño del Niño” y la judería en toda su extensión. Los reseñamos como restos de las tres culturas que más han  influido en la forma de ver actual, no ya de Jaén, sino de toda España.

Jaén ofrece más argumentos, pero sería injusto, además de imposible, abarcarlos todos en n escrito: hemos de visitarlo, tocarlo, olerlo, sentirlo… Y hemos terminado un artículo sobre una ciudad andaluza, tal vez por hacerle justicia, sin mencionar las palabras “flamenco, toros, siesta y fiesta” ¡Huy! Perdón.

Preparar un viaje a África (I)

Decidido. Nos vamos a África. Visitaremos varios países. Pero en África… a la parte central del Continente Esmeralda, por poner un caso. Pero se trata de un viaje que debemos preparar a conciencia. África no admite improvisaciones.

Veamos: lo primero en lo que debemos pensar es en la documentación, con un pasaporte que tenga aún más de seis meses de vigencia. También debemos aportar, según el país, el carnet internacional de vacunación contra la fiebre amarilla para evitarnos problemas al cruzar las fronteras.

También hemos de añadir a la documentación unas cuantas fotos para los visados que tendremos que obtener en las diferentes fronteras, sin los que no podremos pasar. Cierto es que no en todas las aduanas nos las van a pedir, pero más vale ir prevenido.

Carnets y documentos de todo tipo

Por otra parte, si tenemos pensado alquilar coches sin conductor, es imprescindible llevar el carnet internacional de conducir: en muchos países africanos, los puestos de policía son muy frecuentes en las carreteras y, aunque no sea así en todas las zonas, más vale prevenir que curar –sí: repetimos la frase, e insistimos en que África no admite improvisaciones-.

Más documentos que no son imprescindibles pero que conviene llevar: el Documento Nacional de Identidad y, si viajamos con niños pequeños, el libro de familia. En principio, no son necesarios el uno ni el otro, pero tampoco ocupan demasiado espacio.

El botiquín

Como llevamos buena parte de este primer artículo hablando de prevención, no podíamos dejar de mencionar el botiquín que nos conviene llevar: en él, tiritas, un antiséptico, pomadas para picaduras, suero y, aunque no se ha demostrado tan eficaz como el agua de limón caliente, un antidiarreico fuerte.

Y, atención, lo que de ninguna manera debe faltar en el botiquín es el antimalárico. Por poco que nos guste hacer publicidad no pagada, hemos de recomendar el Malarone. Eso sí, conviene acompañar este tipo de medicamentos con un protector gástrico, habida cuenta de que suelen ser muy agresivos.

Vayamos pensando en abrir la maleta…

Nos dejamos para otra ocasión los diferentes útiles que nos harán la vida más fácil, así como el contenido que ha de llevar nuestra maleta. Ya te vamos adelantando, de todos modos, que será muy distinto del que te llevaste en tu viaje a París.

En cualquier caso, lo que siempre nos llevaremos, y que además no ocupa espacio, son las ganas de descubrir, la ilusión de descubrir un mundo completamente distinto, por cerca que vivamos de él.

La niñez de la Bella Roma: el Foro Romano

Como si hubiéramos arrojado una moneda a la Fontana de Trevi, regresamos a Roma. Tal vez porque en lugar de uno, son dos los óbolos que hemos arrojado al agua y nos hemos enamorado de tan bella dama italiana: la Ciudad Eterna. Y, como enamorados, queremos saber más de ella. Saberlo todo, porque todo nos va a gustar.

Hoy le preguntamos a Roma por su pasado, por su niñez. Y ella nos relata un recuerdo de su infancia: nos habla de sus amigos, de sus creencias, de cómo se divertía y de las noticias y cotilleos que recuerda. Nos habla del Foro Romano.

Foro Romano

Se trata del lugar don de se desarrollaba la vida pública y religiosa de la antigua Roma, de su niñez. Junto con el Coliseo es la mayor muestra que exhibe, orgullosa, de los que fue el Imperio Romano. Roma es así: bella desde siempre y orgullosa de su pasado y de su presente.

El olvido y la vuelta al origen

Pero no todo fueron días de gloria para el Foro, matiza la bellísima italiana. Recuerda que con cierta tristeza el lugar caía en el olvido al finalizar el Imperio y que, aunque ya desde el siglo XVI ya se sabía de él, no fue hasta el XX cuando se realizaron las excavaciones para sacarlo a la luz.

“¡Con lo que costó construirlo! Corpo di Bacco!”, se indigna. Hasta enfadada es arrebatadora. Y no es extraño que se moleste por el abandono de siglos: no fue fácil construir el lugar, ya que antes lo ocupaba una ciénaga que hubo de dragarse mediante la Cloaca Máxima, uno de los primeros sistemas de alcantarillado del mundo.

Tras siglos, el Foro sigue siendo espectacular

El caso es que el fruto de la obra fue espectacular. Aún hoy se conservan varios templos (Venus, Saturno, Vesta, Rómulo… ), por no hablar de otros puntos de interés que Roma menciona, entrecerrando los ojos, entre vanidosa y nostálgica.

La ciudad sonríe al recordar cuando se hablaba latín en la Via Sacra, su calle principal, la que comunicaba la Plaza del Campodoglio y el Coliseo; el arco que se construía para conmemorar la victoria de Tito en Jerusalén así como el que conmemoraba los tres años en trono de Severo Septimio.

Templos y basílicas

Roma se yergue, presumida, cuando habla de la parte mejor conservada del Foro: el templo de Antonino y Faustina, que compara con la ya casi inexistente basílica de Majencio y Constantino… “¿En qué estaba pensando el arquitecto de uno de los edificios más importantes del Foro?”, masculla Roma.

Claro que el enfado se disuelve en orgullo cuando piensa en la columna de Focas, levantada en honor del emperador de Bizancio del mismo nombre y que lleva quince siglos en pie. Y el orgullo alcanza proporciones casi pecaminosas cuando menciona que, en su seno se dada uno de los sistemas políticos más avanzados de la época: en la Curia se reunían los senadores para tomar las decisiones que le afectaban a ella y a su pueblo.

Cuando le comentamos que ir a verla y no visitar su Foro es como ir a París y no ver la Torre Eiffel, Roma nos ensarta con la mirada: “¿París? ¿Quién en esa?”

Madagascar, una estancia en el cielo africano

Si queremos hacernos una idea de cómo puede ser el Paraíso, conozcamos Madagascar. Se trata de la isla más grande del continente africano. Más que Zanzíbar, las Seychelles o Isla Mauricio. Allí vamos a encontrarnos con la Naturaleza. Así, con mayúscula: numerosas especies únicas en el Planeta se refugian aquí.

Con capital en Antananaribo, el país cuenta con unos 18 millones de habitantes. Esta ciudad, en el centro del país, dirige, política y administrativamente, a otras importantes, como Tamatave, en la costa Este; Farafagana, al Sur de ésta; Antisiranana, en el extremo Norte de la isla; Mornondova…

Madagascar

Todas las ciudades malgaches poseen un nexo claro en común: la riqueza y belleza natural de cuanto las rodea. Belleza que hace que el país se vaya abriendo al turismo, merced a unas playas impresionantes, un clima tan benigno como pueda imaginarse y unos paisajes que, depuro bellos, a veces cuesta sostenerles la mirada.

Actividades al aire libre

Una buena idea es alquilar un barco o un yate chárter, o practicar submarinismo, kitesurf, windsurf, senderismo… Lo difícil es no encontrar algo que nos apetezca hacer durante unas vacaciones que van a ser absolutamente inolvidables.

Cierto es que, si hacemos caso del tópico y la frase más repetida en las agencias de viajes, cualquier lugar es único e ideal para pasar las vacaciones. Sólo que en caso de Madagascar es cierto. Hay tanto que ver y tango que hacer que es materialmente imposible que unas vacaciones no sean perfectas en cualquier rincón, en cualquier establecimiento de Madagascar.

Paisajes y cultura

Pero hemos querido destacar, y seguimos queriendo hacerlo, la Naturaleza que nos subyuga en la isla. Sitios como Tsngys de Bemahara, las islas Nosy Be, la reserva de Anja… son algunos de los paraísos dentro del paraíso, con enorme biodiversidad y una fauna y flora que requerirá de todos nuestros sentidos para apreciarlas como se merecen.

Aun así, por mucho que queramos quedarnos en el exuberante paisaje, no podemos obviar la riqueza cultural malgache, en forma de monumentos y edificios la que podríamos denominar como estática” y de actividades culturales pensadas para los nativos y los visitantes, la “dinámica”.

En Madagascar haremos mucho más que disfrutar de unas vacaciones divertidas y activas: en la gran isla sabremos lo que de verdad es disfrutar del ocio en plena naturaleza, sin renunciar a las comodidades de la ciudad.

Sólo quien ha visitado Madagascar sabe que es así. Y quien lo sabe, lo recomienda.

Mónaco Ville, el Mónaco antiguo

En cuanto uno pone los pies en Mónaco, tiene la impresión de que debería estar pagando un dineral por desgastar sus calles con los pies. Afortunadamente, nadie se va a acercarnos a ver cuánto pesamos o lo duras que son nuestras suelas y cobrarnos el desgaste de acera en proporción.

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Buenos Aires

¡Ay, que se me van los pies! Mi Buenos Aires queriiiidooo… Cuando yo te vuelva a ver, no habrá más pena ni olvido (…) ¡Pero qué tangaso, señores! ¡Qué grande y eterno don Carlos Gardel que con su voz y emoción nos pone a bailar un tango hasta a los que tenemos dos pies izquierdos!

El caso es que muchos de los rincones de la capital de Argentina tienen mucho de eso: de la emoción triste de un tango, de la pasión sensual y latina su baile… Del: “Si no sabes, yo te llevo, pero déjate hechizar… Mañana será mañana”…

La capital porteña es una de las más cosmopolitas de Latinoamérica y nudo vital de una nación que ha acogido, tradicionalmente, a muchos inmigrantes. Si nos damos un paseo por ella, descubriremos que lo europeo de su arquitectura hace que determinados edificios nos recuerden a París.

Una ciudad vida

Pero no sólo  en el exterior de las edificaciones se nos vendrá a la memoria la capital francesa: Buenos Aires bulle de vida cultural, con numerosísimos museos, salas de conferencias y exposiciones. Tampoco faltan las galerías de arte, los cines y los teatros, que acogen infinidad de espectáculos nacionales e internacionales del más alto nivel.

De entre todas las salas, nos quedamos con el Colón, uno de los teatros líricos más importantes del Viejo y el Nuevo Mundo. La actividad musical del recinto abarca todos los géneros, incluido, como cabía esperar, el tango (¡Ay! ¡Ay! “Volveeeer… con la frente machita”…).

Meca cultural del planeta

Pasado el arrebato “tanguero”, diremos que la ciudad recibe con frecuencia a grupos y solistas de todo el planeta. Este hecho no es más que una de las muchas pruebas de que Buenos Aires resulta, en una medida muy importante, una de las capitales culturales de América Latina, y aun del planeta.

Además, la vida nocturna bonaerense puede describirse, siendo moderados como “activa”, además de extensa, puesto se trata de una urbe a la que le cuesta irse a dormir, ya que tendría que hacerlo dejando de lado discotecas, restaurantes, confiterías…

¿Alguien nos presta una rosa para llevar en los labios?

Buenos Aires es una ciudad que, como la voz de Gardel, se nos cuela bajo piel, nos obliga a movernos, llorar de emoción ante tanta belleza, perdernos en un pecado y salvarnos gracias a la virtud de una canción que nosotros mismos habríamos compuesto en el momento más duro de nuestra condena.

Una visita a Buenos Aires es una experiencia que nos va a cambiar. Ya lo decía don Carlos: “Decí, por Dios, ¿qué me has dao, que estoy tan cambiao, no sé más quien soy?”

La fuente del eterno amor

Es, posiblemente, la fuente más bonita de Roma. Es, con sus veinte metros de ancho y sus veintiséis de altura, la más grande la ciudad sin lugar a dudas. Hablamos de un punto de encuentro ineludible para romanos y visitantes: la Fontana de Trevi.

Entonando con Nat King Cole aquello de “Arrivederci Roma”, repasamos la no necesariamente romántica historia del monumento,  cuyos orígenes datan del año 19 a. C., cuando la Fontana constituía el final del acueducto llamado Aqua Virgo.

zTrevi Fountain

La primera fuente que debería llevar tal nombre se construía durante el Renacimiento. El que tomaba la iniciativa de hacerlo y ordenaba que así fuera era el papa Nicolás V, promotor de varias obras de arte que embellecerían Roma. El aspecto final de la Fontana de Trevi es el que alcanza en 1762, tras varios años de obras de la mano Nicola Salvi y rematada por Giuseppe Pannini.

Tres vías para llegar a un cuento de hadas

Por cierto que, por si alguien se lo pregunta, el nombre de Trevi proviene del apócope de “Tre Vie” (tres caminos), y es que la Fontana era el punto en el que confluían tres calles. Pero no es ésta la pregunta que más veces nos hemos hecho sobre tan bello monumento.

Ahora sí: respondemos a una curiosidad muy extendida: ¿Por qué siempre nos encontramos turistas junto al monumento lanzando monedas y haciéndose fotos? Pues el mito proviene del cine:

Una leyenda cinematográfica

La película “Tres monedas en una fuente”, de 1953, cuenta que si uno arroja una moneda a la Fontana de Trevi volverá a Roma; si son dos, encontrará el amor con una bella italiana –o un bello italiano, según el caso-; y si son tres las monedas que lanza al monumento, se casará con esa persona.

Para que este ritual funcione, deben lanzarse las monedas con la mano derechas y pasándolas sobre el hombro izquierdo. A quienes sí les funciona, se arrojen como se arrojen las monedas, es a los más necesitados: cada año se recogen más de un millón de euros de la fuente, que se destinan a fines benéficos desde el año 2007.

Nada debe estropear el éxtasis

De día o iluminada de noche, artificialmente, es uno de los monumentos más bellos de una de las ciudades más bellas del mundo, algo que aprovechan muchos vendedores de rosas. Las opciones son dos: comprarles una o estar de acuerdo con ellos en que la fuente es una belleza e indicarles, amablemente, que no lo va a ser más por que les compremos una flor.