Las desventuras de un dominguero (IX)

Lo cierto es que la cosa no tenía tan mala pinta. Pero, chico, cuando se trata de mí, no puedo fiarme. No puedo. Y punto. Mira que el parque temático de Warner Bross está a pocos kilómetros de Madrid, tan cerca que casi no llega a la categoría de excursión. Pero, nada: que es salir de casa con la idea de relajarme un poco y que me pase de todo.

Vamos a ver: resulta que, para celebrar que Nelson había encontrado uno trabajo de portero en una discoteca y una habitación en casa de unos compatriotas –esto último, no sé por qué, no le sentó bien a mi esposa-, decidimos pasar un sábado en familia en el parque temático. Lo mismo podíamos haber decidido pasarlo jugando al Trivial, pero no: esta gente quiere salir de casa. En fin.

A primera hora

Total, que salimos prontito, para no tener problemas con el aparcamiento. O esa era idea: el nene que no encuentro mi visera de Mickey Mouse (pero, ¿para qué la quieres si nos vamos al territorio de la competencia? Si es que te encanta provocar); la nena que llora porque le da miedo el Demonio de Tasmania (mira: eso es algo que tenemos en común); la mami buscando un gorra, consolando a la chica y ordenándome que me aparte, que ya que no ayudo, tampoco estorbe.

Total: salimos de casa a las once y media (no sé por qué, pero no me extraña). Llegamos a la explanada que sirve de aparcamiento para La Guarner y nos toca dejar el coche de modo que casi tenemos que llamar a un taxi para alcanzar las puertas.

Engullendo diversión

Cuando llegamos a la taquilla, nos damos cuenta de que nos hemos olvidado de los códigos promocionales, de modo que hemos de pagar el precio completo de la entrada. Bueno: al menos no nos hemos dejado la cartera en casa. No sería la primera vez.

Tras permitir que nos echen un vistazo a la mochila y que nos digan amablemente que no podemos entrar con concomida, engullimos los bocadillos empujándolos con Cocacola. Entramos. A los chicos se les olvidan todos los males y quieren subirse a todo, probarlo todo y dejarse la voz en cada grito penetrante de “Mira, mami, vamos ahí”.

Quién me mandaría a mí…

Después de trotar durante dos horas y pico a paso ligero, mi esposa y yo nos decidimos a subirnos a una de las atracciones: una especie de sofá gigante que te pone cabeza abajo y te mueve de todas las maneras posibles.

Salgo con la comida que he engullido justo en la traquea. Pero lo niños, crueles, no nos permiten un respiro y nos obligan a corretear detrás de los espectáculos, desfiles y atracciones. Basta. No puedo más. El medio grito nos sale al unísono a mi mujer y a mí. Con el permiso de los chicos, nos bebemos un refresco.

Cae la noche, gracias al cielo

De nuevo a correr. Ni que fueran a desmantelar el parque mañana mismo. Por fin llega la hora del cierre. Es una lástima que los niños no tengan carné, porque mi respectiva y yo nos habríamos ahorrado arrastrarnos hasta el coche que, por otra parte, yo juraría que nos habían cambiado de sitio y estaba como cinco kilómetros más allá.

Llegamos a casa. Les damos la cena a los chicos. Hala. Todos a dormir.

Ha sido un día complicado: debo de haber perdido como diez kilos de tanto correr, creo que voy a tardar como una semana en digerir lo que he comido y que, por cierto, casi se me sale por las orejas en aquella atracción infernal.

Música, ruido, niños gritones y maleducados que casi me permiten entender a Herodes… Pero lo peor de todo, lo que me ha molestado, por no decir cabreado profundamente es que… Me ha encantado la experiencia. A ver si volvemos pronto.

Las desventuras de un dominguero (IV)

Ahora que van cayendo las primeras nieves, me vienen a la cabeza mis primeras vacaciones blancas. ¡Y qué recuerdos!… Ya desde pequeñito apuntaba maneras. Debía de andar yo por los diez años, cuando mis padres me anunciaron, un miércoles, que nos íbamos de fin de semana a la nieve. Me alegré una barbaridad.

Pero llegó el viernes y me llevé el primer chasco: no íbamos a ir a Baqueira Beret. Yo, que había fantaseado los dos días que nos separaban del ansiado “finde” con conocer a las Infantas –entonces, en los ochenta, Cristina de Borbón era mi mujer ideal y Elena era… bueno, era-, mientras auxiliaba a Don Juan Carlos de su enésima lesión de esquí.

Las desventuras de un dominguero (IV)

En fin. Lástima. Pero no iba a dejar que el no conocer a mi mujer ideal me desanimara… ¡Que me iba a la nieve! Cuando llegamos, ya había anochecido, de modo que mi padre decidió que sería buena idea cenar y dormirnos pronto.

Los excesos se pagan

En cuanto a la primera parte, sin problema: como a mi padre le gustaba hacer los viajes del tirón, por si acaso el SETA Parda que conducía se paraba y no volvía a arrancar, me quedé sin merienda. Cené como el pequeño salvaje que estaba hecho.

Pero la cena, no sé si por el cambio de agua o porque me cené todo lo que no me había merendado, más la cena, más el desayuno y almuerzo del día siguiente por si no me daba tiempo a comer, me sentó bastante mal.

Suerte de servicios médicos

No sólo yo pasé una mala noche, sino que también lo hicieron mis padres y un malhumorado médico de la estación, más acostumbrado roturas y luxaciones que a un niño con una indigestión de mil demonios. En fin: que nos dormimos a las cinco.

Las desventuras de un dominguero (IV)

A las ocho sonó el despertador, pero las escasas horas de sueño hicieron que no nos levantáramos hasta las once. Cuando íbamos camino del telesilla, con unos esquíes alquilados, mi cara hacía juego con la nieve circundante.

El más mínimo fallo podría ser fatal

Y debí pasar de pálido a cerúleo cuando vi cómo remontaban las pistas: si aquel palo que se suponía que debía ir entre las piernas erraba el tiro podía pasar que me convirtiera en uno de esos castratti que estudiábamos en clase de música… O que no pudiera volver a sentarme con naturalidad en clase alguna.

Tras no pocos lloros, accedía a remontar la pendiente. Y, una vez arriba, fue peor: sólo veía una manera de bajar. Y no me gustaba. ¿Deslizarme por una ladera sobre dos tablas? Eso se le daba bien a los Fernández-Ochoa, pero no era mí, que aprecio demasiado mis articulaciones y una cara que, aunque no es bonita, es funcional.

Si Peret me hubiese visto…

Más lloros. Tantos que el escaso desayuno que había conseguido ingerir acabó manchando la impoluta nieve. No entiendo cómo no provocamos un alud al sumarse mis sollozos a los gruñidos malhumorados de mi padre.

En fin, que tras varios litros de lágrimas cayendo en la nieve (seguro que Peret habría compuesto una buena canción: “uuuuna lágrima cayó en la nieeve”) me decidía a probar a deslizarme, con los esquíes en cuña, como me habían dicho.

Nueve coma ocho metros por segundo al cuadrado

La sensación de ingravidez, de libertad, de fluidez fue absoluta… Durante diez metros, que fue lo  que tardé en poner los esquíes en paralelo. Envalentonado por llevar varios segundos sin caerme, decidí que era hora de ganar velocidad. Qué sabe un niño de diez años que ha suspendido Ciencias Naturales de la gravedad y de sus nueve coma ocho metros por segundo al cuadrado.

Penguin Peak summit. Chugach Mountains, Alaska

Las últimas palabras antes de despertarme en el hospital fueron “¡¡Que alguien quite de ahí esa árb!!… ¡uf! Cuando me desperté, ya en planta, lo hice chillando “¡¡…Boooool!!”, completando la frase que un pino inoportuno y maleducado había interrumpido.

Un extraño despertar

Era martes. Me había perdido un par de días de escuela y, encima, como los médicos confundieron mi alarido con que había cantado un gol, decidieron que sería buena idea que me visitara la estrella del equipo de la ciudad, que casualmente estaba ingresado por una torcedura de bota, o algo similar. A mí. Que de fútbol sólo sé que los jugadores se depilan las piernas.

Yo temía el enfado de mis padres por haberles chafado el fin de semana, pero, cuando vieron que su hijo abría los ojos y la garganta con tal entusiasmo, decidieron que un chico de tanta energía y gracia no merecía que permanecieran enfurruñados demasiado tiempo.

Un beso para papá y otro para mamá

Aunque no acabe de venir a cuento, he de decir que en ésta y otras ocasiones mis padres se portaron como verdaderos santos. De hecho, sólo he visto a mi padre enfadado de verdad una vez:

La única ocasión en la que mi progenitor no dejó al Santo Job por un histérico fue cuando, al año y pico de todo aquello, cuando yo empezaba a recuperar la forma física tras rehabilitarme de una muñeca, una pierna y cuatro costillas rotas alguien dijo que deberíamos ir a celebrar mi salud a Baqueira Beret, a ver al Rey y a las Infantas.

Ese alguien pagó la furia de mi padre cenando sopa por Nochevieja, en el hospital, con pajita. Desde entonces, prefiero que las vacaciones sean en la playa y con buen tiempo.

Volver

Como cantaba don Carlos Gardel, hoy voy a “volver”, aunque no lo haga con la frente marchita, ni las nieves del tiempo plateando mi sien y, si veinte años no es nada, las pocas semanas que han pasado desde que visitamos Argentina es lo más parecido a que no nos hayamos ido nunca.

Si en la última ocasión visitábamos “mi Buenos Aires querido”, hoy nos vamos a dar una vueltecita por otras ciudades. Concretamente, nos dirigimos en primer lugar al sudeste de la capital, a la localidad de Neochea.

Volver

Junto a la desembocadura del río Quequén, Neochea ofrece cualquier servicio imaginable en una ciudad mediana, sea en el centro viejo o administrativo, sea en el nuevo o villa balnearia, junto al mar. El uno y el otro están unidos a través de la diagonal San Martín.

Sol y playa

Neochea es sol, playa, verano austral. Los arenales del entorno se caracterizan por los amplio y, diseminados entre ellos o concentrados en el centro nuevo se ubican una gran cantidad de balnearios, sobre todo entre las calles 71y 89. El área de mayor actividad comercial es la que se encuentra por las peatonales 83 y 85.

Ésta es también la ciudad de destino favorita de los pescadores deportivos por su río, sus lagunas o sus amplísimas costas. También es posible contratar una expedición de pesca en alta mar.

Una ciudad joven

La historia de la ciudad se remonta hasta el año de su fundación, 1881, año desde el que fue creciendo como centro agropecuario, merced a su puerto cerealero, que además le confiere un estructura única como población.

La escollera Sur, además de ofrecer abrigo al puerto, es conocida por el gran tamaño de sus peces, así como por las estupendas olas que pueden disfrutar los surferos. Se dice que allí se forma la mejor ola izquierda de Argentina.

Una pequeña dinamarca

Como dato curioso, podemos apuntar que Neochea alberga a una de las mayores comunidades de descendientes de daneses con un club y una iglesia al modo de este país en la calle 51 y entre 64 y 65, respectivamente. También allí se ubica un consulado de Dinamarca.

Pero hemos hablado de ciudades, en plural, de modo que te adelantamos que en próximas visitas al país argentino nos iremos a un lugar un tanto más alejado, una ciudad de la costa atlántica a 450 kilómetros de la capital.

Se trata de Miramar, y es la prueba evidente de Argentina es mucho más que carne, pampa y tango. Pero eso será cuando volvamos por aquí.

Zaragoza, una ciudad con historia (II)

El otro día hablábamos, sobre todo, de dos de los edificios más significativos de Zaragoza: el Pilar y la Seo. Hoy vamos a ver un poco el pasado romano y musulmán que tiene la ciudad y que ha dejado una huella profunda en su carácter y en su historia.

Antes de la llegada de los romanos a la península, los territorios que conforman la ciudad ya estaban habitados desde el siglo VII a. C. por pueblos de la Edad del Bronce, también los íberos fundaron su ciudad sobre estas tierras y la llamaron Salduie.

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Salamanca tierra mía, de arte y sabiduría (II)

La vez anterior hablamos de Salamanca como ciudad monumental, cultural, artística, pero Salamanca tiene más facetas que ofrecer a aquellos que se acercan a conocerla unos días o deciden pasar un periodo más largo en ella. Siempre se descubren cosas, lugares secretos, rincones románticos.

Esta vez os hablaré de aquellos que hemos tenido la oportunidad de estudiar y formarnos en ella, de lo que hemos vivido y sentido, de lo que hemos llorado y reído, de lo que hemos oído y degustado, de lo que hemos aprendido de la vida en un tiempo record.

No todo el mundo es tan privilegiado de poder estudiar en una ciudad como ésta, preparada para acoger a todo el que quiera llegar de todas partes de la tierra, y tener la oportunidad de recibir la mejor formación en cualquiera de las dos universidades: La Universidad de Salamanca y la Universidad Pontificia.

Yo estuve allí

Yo fui una de esas privilegiadas que tuve la oportunidad de estudiar allí, y la verdad os lo digo, que volvería a vivir aquella época aunque fuera por un breve periodo de tiempo, y volvería a repetir mi experiencia a pesar de tener algunas dificultades. Lo volvería a hacer y lo recomendaría a cualquiera que se sienta responsable.

Se dice que puede ser la perdición de muchos, llegar a una nueva ciudad, sin un control parental, con la sensación de que podemos comernos el mundo, y sí es verdad, puede que para algunas personas sea el camino a la libertad deseado, pero sin responsabilidad puede convertirse en el mayor de los agujeros.

Responsables ante todo

Hay que ser responsable con la decisiones que tomamos, pensar en el esfuerzo que pueden estar haciendo los padres, reflexionar sobre esa oportunidad puede llegar a suponer en el futuro… pero muchos no llegan a tener la madurez suficiente como para darse cuenta de que son unos privilegiados y que se presenta ante ellos una gran oportunidad para construir su futuro.

Todo está pensado por y para vosotros

Pero después de una gran charla, os voy a explicar que es lo que la ciudad puede aportaros como estudiantes. Primero, todo está pensado para vosotros, comedores universitarios, fiestas universitarias en locales nocturnos, la nochevieja universitaria… muchas actividades están dirigidas a este colectivo porque la ciudad vive principalmente de ellos y del turismo.

Los chicos además tenéis la oportunidad de meteros en alguna tuna de las diferentes facultades y pasar un buen rato. Las chicas todavía no tenemos la oportunidad de meternos en este tipo de colectivos tan tradicionalistas.

La joya de San Sebastián

Quien haya visitado la ciudad seguramente coincide en que es una de las ciudades más bellas en las que ha estado. Quizás la ciudad con la esencia europea más notable de todas las que forman nuestro país.

Sol en verano, la brisa que recorre su playa de la Concha, la fina capa de niebla que cae y cubre todos sus edificios, que confeccionan una identidad arquitectónica ecléctica fundamentada en el siglo XIX. Juntando elementos arquitectónicos típicos de Francia, Polonia, Reino Unido, etc.

Algo que llama considerablemente la atención de todos sus visitantes. La que es conocida con el sobrenombre de la “pequeña París”. Pionera en instalaciones como el tranvía, el alumbrado eléctrico o la telefonía.

Historia arquitectónica

En el año 1863 debido al crecimiento que cada vez más demandaba la ciudad guipuzcoana, se decide derribar las murallas que rodeaban San Sebastián. De esta forma se empiezan a formar nuevas construcciones que comienzan a introducir a la ciudad en su etapa con mayor esplendor, coincidiendo con la conocida Belle Époque.

Edificios como la Catedral del Buen Pastor, el Teatro Victoria Eugenia o el Hotel María Cristina, construido en 1912, siendo la viuda del monarca la primera en cruzar sus puertas.

Esta estrecha relación entre la ciudad y la monarquía no es casualidad. Ya que tras la muerte de Alfonso XII, en 1885, es su propia viuda, la regente María Cristina quien busca en San Sebastián un consuelo y una forma de escapada, que convierte a esta urbe en su retiro de verano. Un honor que San Sebastián le devuelve haciéndola alcaldesa honorifica.

El Palacio de Miramar

Muchos son los aristócratas de toda Europa, atraídos por los gustos de la Reina Regente, deciden poner en San Sebastián su residencia de verano. Al igual que los nuevos ricos, que constituían una nueva clase social en la época, la burguesía. Entre los que se encontraban celebridades como el sha de Persia, la espía Mata-Hari o León Trotsky como un ejemplo de nuevos vecinos.

Pero si hay que resaltar una residencia de verano, es la que a día de hoy es considerada la mayor joya de la localidad vasca: El Palacio de Miramar. Construido en 1893 por el arquitecto inglés Seden Wornum, como encargo y para disfrute de la Familia Real.

En su interior  destacan espacios como el Salón Blanco, el Salón de la Música, la Biblioteca o el Comedor Real. Estancias que en la actualidad se conservan casi como en su origen. Ya que desde 1972, tras pasar por varios propietarios, el ayuntamiento de San Sebastián lo asume como patrimonio local

… Dándole un sin fin de usos y eventos, como el del Festival de Cine de San Sebastián, Cursos de Verano de la Universidad del País Vasco o dando cobijo al Centro Superior de Música del País Vasco.

Situado en la Bahía de la Concha, se puede y se debe uno privar de dar un paseo mientras se contemplara la vez esta maravillosa obra arquitectónica.

Yo estuve en Cancún y regresé para contártelo VI:Chichén Itzá

Como os dije ayer, otra de las excursiones indispensables si estáis en Cancún es visitar Chichén Itzá. Está mucho más lejos que Tulum, en el estado de Yucatán, así que salvo que seáis aventureros y os informéis muy bien, en este caso os recomiendo que vayáis en una excursión organizada por el hotel. Además hay que atravesar puestos fronterizos vigilados por el ejército y si me intimidó ver los fusiles sentada en el autobús del hotel mirando por la ventanilla no quiero ni imaginar si se me acercan y me piden el pasaporte que había dejado en la caja fuerte de la habitación. Continuar leyendo «Yo estuve en Cancún y regresé para contártelo VI:Chichén Itzá»

Museo de Geología al aire libre 1aparte

La Serranía de Cuenca nos ofrece una de las comarcas más agrestes y atractivas del interior de la Península Ibérica.

Esta serranía da lugar a una verdadera encrucijada de cuencas pluviales y divisiones administrativas.

Pero su peculiaridad data de mucho tiempo atrás, y se ha estado formando por millones de años, para aquel viajero que se aventure a descubrir sus formaciones geológicas que embellecen el lugar.

Los Hoces de la ciudad de Cuenca

La ciudad de Cuenca está asentada sobre una paramera o muela formada por 2 hoces que los ríos Júcar y Huécar respectivamente (de ahí sus nombres) han labrado sobre la plataforma rocosa en la cual cuelgan de forma surrealista algunos muros y casas de esta bella ciudad que le dan la apariencia de mantenerse flotando como las famosas montañas flotantes de la película Avatar.

Para poder apreciar de manera cabal el singular emplazamiento de esta ciudad es recomendable recorrer la carretera de circunvalación que la rodea siguiendo el trazado de las hoces y que proporciona una insustituible panorámica del conjunto urbano creando una imagen difícil de olvidar.


La Catedral de Nuestra Señora de Gracia

Admirando ahora la creación del hombre, no podemos dejar de visitar el monumento mas antiguo y de mayor importancia de la ciudad.

La catedral se encuentra ubicada en la plaza mayor teniendo la particularidad, que a pesar de su antigüedad (su construcción se inició en el siglo XII), no es gótica de influencia francesa, sino tiene un aire nórdico en sus partes primitivas y carece de torres. Esto se debe a que para su construcción intervinieron consejeros anglonormandos y que es una iglesia que ha sido mutilada por sucesivas desgracias a lo largo del tiempo.

La última reconstrucción se realizó apenas a principios del siglo XX.

 Las Casas Colgadas y los “Rascacielos”

Las construcciones de origen medieval conocidas como la casa de la sirena y la casa del rey forman la estampa más conocida de Cuenca llamadas “Las Casas Colgadas”, que pueden ser contempladas desde el medio del puente de San Pablo, sobre el río Huécar, atravesando el arco de la vieja puerta amurallada.

Por su parte los “rascacielos” son también construcciones que dan a Cuenca ese carácter mágico de ciudad leyenda.

Están conformados por dos grupos de edificios. Saliendo a la puerta de San Juan hacia la hoz del Huécar, se encuentra un conjunto de 30 edificios constituyendo un muro de 8 o 10 plantas que en la fachada presenta solo 4 o 5 plantas.

El conjunto del Júcar está en la bajada de San Miguel.

Parque natural Serranía de cuenca

A 36 Km de la ciudad de Cuenca en el borde del límite municipal, siguiendo el cauce del río Júcar se encuentra el Parque natural Serranía de Cuenca.

Es un enclave para ser recorrido a pie, siguiendo las numerosas rutas abiertas para penetrar en los abundantes tesoros naturales que alberga.

Ciudad Encantada

El enclave más conocido de la Serranía de Cuenca es la Ciudad Encantada declarado Sitio Natural de Interés Nacional en 1929.

Recoge un impresionante paisaje calcáreo, único en el mundo, esculpido por la acción erosiva del agua y el viento.

Las caprichosas formas de ciudad encantada se deben al efecto de la erosión que actúan de manera diferencial sobre dos capas de rocas calizas: La superior una caliza magnesífera de un color gris que es pobre en calcio y por lo tanto más resistente a la erosión y la inferior más frágil, caliza magosa de una tonalidad rojiza, pobre en magnesio que se erosiona con mayor facilidad.

Las formas resultantes de esta erosión se asemejan a figuras humanas («la cara del hombre»), de animales («La Tortuga», «La Foca») de objetos («Los Barcos», «El Tormo», «El Tobogán») y otras muchas, tales como osos, perros, setas, etc.

El Tormo Alto es el guardián que nos espera al inicio de este recorrido a pie de una hora y media a dos  por un itinerario marcado con flechas blancas que nos guía junto a las formaciones principales de las 250 hectáreas que abarca este sitio Natural de Interés Nacional.

Callejones de Las Majadas

Cerca de la Ciudad Encantada encontramos una formación similar, los Callejones de Las Majadas, donde la acción erosiva del agua, el hielo y el viento también han dejado su huella en las rocas, dando lugar a una especie de callejones de piedras con formas singulares.

Y al igual que en el paraje vecino, una ruta de unas dos horas y media permite conocer el lugar. Este paraje, que es visitado por miles de personas cada año, se encuentra en el término municipal de la localidad de Las Majadas, a unos 3 kilómetros de distancia de ese pueblo, y es uno de sus lugares naturales de mayor interés junto con los Miradores de las Majadas.

Parque Experimental de El Hosquillo

Cerca de las Majadas está este lugar al que vale la pena conocer. Se inició en 1964 como granja cinegética, pero desde 1996 se ha convertido en un lugar de Investigación biológica en un entorno natural buscando también en conservar especies en peligro de extinción.

Por lo mismo solo se puede visitar con reservación. El acceso al parque se realiza en visitas guiadas, permitiéndose la entrada a un máximo de 70 personas por turno.

Yo estuve en Cancún y regresé para contártelo V: Tulum

Dos son las excursiones ineludibles que debes realizar si estás pasando unos días en Cancún: Tulum y Chichen Itza. De hecho, según pones el pie en el hall del hotel te acribillarán con publicidad para que te apuntes cuanto antes a una de ellas o a las dos. Continuar leyendo «Yo estuve en Cancún y regresé para contártelo V: Tulum»

Donostia: los mejores fuegos artificiales de Europa

El tradicional Concurso Internacional de Fuegos Artificiales de San Sebastián-Donostia cumple 50 años.

La idea surgió en 1963 desde el Centro de Atracción y Turismo de la ciudad. Se planteó como una manera de ofrecer un premio a las empresas pirotécnicas que se trasladaban hasta allí para ofrecer sus espectáculos en las fiestas de la Semana Grande.

De esta manera se garantizaba que cada año el espectáculo de magia y color ganara en calidad para poder optar al premio y así poco a poco compañías extranjeras de renombre se sintieron atraídas a participar trayendo sus innovaciones. Pronto esta aventura fue secundada por otras ciudades como Blanes, Cannes en el 67 y Mónaco en el 69.

Rodeado de una belleza natural

Una de los mayores atractivos de este certamen y que lo hace único para los miembros que componen su jurado es la vista espectacular que les ofrece la habitación desde donde los observan en el Hotel Londres.

Desde allí tienen una vista magnífica de los jardines del Alderdi Eder, el lugar desde donde se lanzan los fuegos. Además, su reflejo en el agua del mar les hace doblar el efecto de la luz.

Los expertos tienen en cuenta factores como la originalidad, la intensidad del fuego, la novedad de los efectos, las figuras que los fuegos crean en el cielo, la armonía con la que se lanzan y, también, la combinación que crean el sonido y la luz.

Referente dentro y fuera de nuestras fronteras

Este concurso es el referente de otras exhibiciones, tanto en España como fuera, llegando a recibir en 1984 la visita de una delegación canadiense (país que actualmente acoge a los tres concursos más importantes del mundo en las ciudades de Toronto, Montreal y Vancouver) que estuvo interesándose por cómo se organizaban.

El gran espectáculo de luz y pólvora se ha mantenido como referente principal en los festejos de la Semana Grande donostiarra a pesar de todos los cambios que ha habido durante estos 50 años. A pesar de que ahora hay muchas más actividades sigue siendo el núcleo de estas fiestas.

En 1982 se reconoció al pirotécnico Mario Igual el gran mérito de ganar cinco veces consecutivas el certamen concediéndole el Tambor de Oro.

Y una sorpresa final

Una tradición que se mantiene año tras año y que culmina con otra tradición, la de ir a tomar un helado tras la contemplación de los fuegos.

Esperemos que sigamos disfrutando de espectáculos tan soberbios como los que hasta ahora hemos podido ver.